Una historia


Bien «Chévere»

Eran más o menos las 3 de la tarde, el sol estaba fuerte no había almorzado y me encontraba haciendo unos mandados por El Centro Histórico de Guatemala.

Caminando sobre la 9a calle volteo y me encuentro con uno de los sabores de mi infancia: Los Chéveres.

Para los que están muy jóvenes o no son de Guate, les comento, estos «hot-dogs» eran famosísimos en los años 70´s y 80´s.  En muchas fiestas de cumpleaños esa era la refacción oficial, un Chévere y un vasito casi miniatura de Orange Crush.

También las esquinas de los parques, en las ferias y por toda la ciudad se podían observar las carretas vendiendo estos hot-dogs.

Me dispuse a entrar al local dónde pude observar que todavía conserva el toque que le conocí en los 80´s aunque un poco más pequeño.

Al ordenar mi Chévere favorito, el Jumbo (es un hot-dog más grande de lo normal), pude sentir como esos recuerdos de mi niñez empezaron a tocar la puerta de mi memoria.  Pude oír a mi abuelita dándome un billete para que fuera a comprar mi refacción y al darle la mordida al pan sentí una tranquilidad como la que sentía después de una chamusca (partido informal de fútbol) mientras con mis amigos comíamos ya cansados de jugar toda la tarde.

De repente también me puse a pensar, ahora ya solo queda 1 restaurante y las carretas son únicamente para fiestas de cumpleaños, así que empece a darle vueltas a mis ideas y tratar de entender que había pasado.

El producto era y sigue siendo muy bueno. Para ser comida que se compraba en ferias o en las esquinas de la calle los que atendían estaban siempre bien uniformados, el pan guardado y caliente por vapor y las salchichas bien cocidas.

Y como le comentaba, las fiestas de cumpleaños «elegantes» contaban siempre con una carreta para darle refacción a los pequeños invitados.

En los años 80´s y 90´s empezaron a salir a la calle unos nuevos hot-dogs, estas carretas ya no tenían el pan caliente por vapor, ni las salchichas solo cocidas con agua.  Estas carretas tenían carbón, el pan era calentado y tostado y las salchichas no solo eran hervidas en agua, después eran puestas al fuego y las opciones empezaron a ser mayores: panes con salchicha, longaniza, chorizo, carne o pollo.

Pero estas carretas incluyeron un ingrediente que logró que muchas personas empezaran a elegirlos sobre los chévere: GUACAMOLE.

Si, ese pure de aguacate con limón, sal y cebolla logró cautivar al consumidor hasta tal punto que logró conquistar el mercado.

Debido a que en estas carretas el que atendía obviamente no tenía uniforme, se ponían en cualquier esquina sin pensar en el humo de las camionetas y como a nosotros los chapines nos encanta ponerle apodo a todo se les llamo «Shucos».

Pero será que ese pequeño detalle como el guacamole fue un golpe de gracia para una empresa que llevaba años y dominaba el mercado? Yo creería que no, la innovación fue muy buena y enamoró al guatemalteco, pero creo que fue la falta de adaptación lo que determino el destino de un excelente producto.

A veces creemos que porque somos el número uno, tenemos una trayectoria de años no somos vulnerables a lo nuevo y más si vemos que esa idea novedosa puede en algún momento alejarse de lo que creemos que es lo mejor para el consumidor. Pero los SHUCOS demostraron que un producto novedoso y con un ingrediente que encanta puede llegar a convertirse en rey.

Hoy no hay esquina en la Ciudad de Guatemala dónde no veamos un shuquero y casi que puedo afirmar que en algún momento TODOS hemos comido un shuco, nos hemos ahumado esperándolo y hasta hablamos con el shuquero de forma tan familiar que es como si fuera un amigo más.

Que nos enseña esta historia?

Tenemos que estar preparados para el cambio, no esperar a que otros vengan y pongan al consumidor algo que lo mueva y los cambie, y si vemos que el mercado está con una tendencia nueva, no lo tachemos como «loco» o «pasajero» aprendamos a poder adaptarnos al cambio y así no desaparecer o quedar únicamente en la mente de alguna persona que después de probar y recordar sabores de su infancia dirá: #QuedeAhuevo es comer un Chévere y recordar en una sola mordida muchos años de felicidad!


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